14 jul. 2012

LEDA VALLADARES


Leda Valladares

A los 92 años, murió una de las más significativas investigadoras e intérpretes de nuestro folclore del Norte. Sus discos con María Elena Walsh. Su acercamiento a los rockeros.
Leda Valladares nació el 21 de diciembre de 1919 en una familia de clase media. Hija de Aurora Frías, ama de casa, y de Delfín, escribano, poeta y músico, tuvo una infancia feliz, con veraneos en Maimará (Jujuy). Una noche, durante los carnavales en Cafayate (Salta), escuchó una baguala y se prometió recuperar ese canto olvidado. En ese momento, tenía 21 años y era estudiante de filosofía en la Universidad Nacional de Tucumán. Antes, como un juego, había formado el grupo FIJOS (Folclóricos, Intuitivos, Jazzísticos, Originales y Surrealistas), en el que cantaba en inglés por fonética.
A principios de los ‘50, formó con María Elena Walsh el dúo “Leda y María”. Se instalaron en París, dieron conciertos y grabaron discos. A esos shows iban artistas como Jacques Brel, Pablo Picasso y Charles Chaplin. Al regresar a Argentina, realizaron giras y grabaron varios discos, entre ellos el recordado Canciones del tiempo de María Castaña .
En los años ‘70, cuando los cruces no eran frecuentes, Leda tendió un puente entre el folclore y el rock. Fue una pieza fundamental de De Ushuaia a La Quiaca de León Gieco. Años después, se encontró con Pedro Aznar, Fito Páez y Gustavo Cerati para recrear canciones de canto con caja.
La gran mayoría de su trabajo de investigación fue a pulmón, sin ayuda oficial, sosteniéndose con su carrera de “cantante ambulante”. Alguna vez, tuvo una discusión con Ernesto Sabato, que habló de culturas superiores e inferiores. Ella dijo que un Miguel Ángel era tan valioso como una vasija guaraní. En plena dictadura, juntó a cientos de chicos con sus maestras en el dique El Cadillal de Tucumán, con el fin de cantar bagualas y vidalas.
Alguna vez, le preguntaron qué era el folclore. “Es la sabiduría del pueblo, que implica tradición, que implica al menos un siglo de asentamiento, de acumulación y de tiempo, donde se maduran las esencias”, dijo la mujer, miembro de la UNESCO y colaboradora del documentalista Jorge Prelorán. También criticaba al folclore actual (“Cosquín es un circo”) y al canto europeo. “En el canto milenario nada está prohibido. Es anterior al esteticismo europeo”.
A finales de los ‘90, se retiró a raíz del Mal de Alzheimer que le fue minando la memoria. Justo a ella, que recitaba una copla salteña: Si te preguntan por mí/Diles que estoy en la noria/En una cárcel de pena/perdido de la memoria . En 2008, murió su hermano, Rolando “Chivo” Valladares, poeta y cantor, autor de más de 120 obras, como la vidalaSubo y la zamba Bajo el sauce solo .
Fanática de las cábalas y de los horóscopos, pensaba que estaba destinada a ser longeva. Alguna vez, le preguntaron sobre la muerte y contestó: “Al final de este camino, me iré de este ciclo del planeta Tierra con la tranquilidad de que siempre, con mis escasos recursos, hice lo que estaba a mi alcance por nuestra música. Hasta que llegue ese momento seguiré adelante con o sin mayores auxilios. Pero siempre me las arreglaré para escarbar y sacar alguna canción de algún agujero en la pared o en la tierra”.
En estos momentos, en algún pueblo de los Valles Calchaquíes, alguien debe estar improvisando una copla con caja. Lo hará con ese llanto arrastrado, con esos falsetes que son un lamento. “El canto de la baguala es el canto llorado”, decía ella. Hoy el llanto es todo nuestro.

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